Según la Organización Mundial de la Salud, el estrés crónico sostenido en el tiempo
puede afectar tanto la salud mental como la física. En el caso de las personas
cuidadoras, cuando las demandas superan los recursos disponibles, emocionales, físicos
o sociales, aparece un desgaste progresivo que no siempre se reconoce a tiempo.
De acuerdo con la American Psychological Association, algunas señales frecuentes son el cansancio persistente, las alteraciones del sueño, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, el aislamiento social y los sentimientos de culpa por necesitar tiempo propio. También pueden presentarse molestias físicas asociadas al estrés prolongado.
El problema no es cuidar. El problema es cuidar sin apoyo.
De acuerdo con la American Psychological Association, algunas señales frecuentes son el cansancio persistente, las alteraciones del sueño, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, el aislamiento social y los sentimientos de culpa por necesitar tiempo propio. También pueden presentarse molestias físicas asociadas al estrés prolongado.
El problema no es cuidar. El problema es cuidar sin apoyo.